PÁGINA LITERARIA DEDICADA A LA GRAN GUERRA PATRIÓTICA   
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          Aunque los años nos alejan cada vez mas de la Gran Guerra Patriótica, el tiempo es impotente para amenguar  en la memoria de la humanidad el coraje de  los pueblos soviéticos.. 
En los años de la guerra no hubo un solo día que pudiera ser borrado de la memoria del pueblo.  Todos los días de aquella contienda fueron la hazaña de millones. 
Hace ya muchos años que la literatura  ha estado recreando con sus medios propios la crónica de  los años de la guerra, la imagen de la Patria en combate.  Ni en los escritores ni en los lectores ha decaído nunca el interés en el tema de la guerra.  Ella ha captado y seguirá captando la atención de las generaciones presentes y futuras. 
Desde los primeros días de combate comenzó a hilvanarse la crónica de la Gran Guerra Patriótica.  En los días mas duros para la patria, los escritores soviéticos estuvieron junto con el pueblo, participando también  en la contienda.  De los millares de miembros de la Unión de Escritores Soviéticos, mas de doscientos no regresaron de los campos de batalla, y fue mayor el número de periodistas  que pereció en esa gran prueba… 
Los hombres de letra soviéticos tienen el mérito de haber creado la crónica literaria de la guerra.  Habiendo comenzado con formas pequeñas, relatos, artículos, versos, con el tiempo la crónica se vertió en novelas, piezas teatrales, poemas. 
Entre ellas hay verdaderas cimas del género, como las obras de Mijail Sholojov, Alexéi Tolstoi, Leonid Leónov, Alexander Tvardovski, Nikolái Tijonov, Alexander Fadeiev, Constantin Simonov y otros. 
Nuestra literatura, como todo el pueblo, guarda con gratitud el recuerdo, la memoria de los soldados soviéticos que entregaron su vida en  los campos de batalla de Rusia y de Europa. 

 
CRÓNICA POÉTICA DE LA GRAN GUERRA PATRIÓTICA
KONSTANTIN SIMONOV

  
(1915-1979), conocido novelista, dramaturgo, publicista y autor de ensayos y articulos sobre el arte. Actualmente apenas si escribe poesías, pero en la década del 40 fue, quizás el poeta más popular. Gozó de particular éxito en los años de la guerra su poesía Espérame, apasionado conjuro de fe y esperanza... La lírica de Simonov se distinguió siempre por su aguda percepción de los problemas actuales, era concreta, brillante en la expresión y, a veces, tenía un carácter francamente publicístico. Simonov ha sido galardonado seis veces con el Prermio Nacional.

 
Espérame y volveré,
Espera, espera.
Aunque las lluvias amarillas
Infundan tristeza, espera.
Espera aunque la nieve caiga y vuelva a caer,
Espera aunque el calor te sofoque,
Espera aunque otros
Olvidados de ayer
No esperen.
Aunque no llegen cartas
Del frente distante, espera.
Espera aunque todos los que esperaban
Se hayan cansado de esperar.

 
Espérame y volveré,
No hagas caso
De quienes insisten
En que es hora de olvidar.
Que madre e hijo crean
Que ya no existo,
Que los amigos se cansen de esperar,
Que se sienten junto al fuego,
Que beban vino amargo
A la salud de mí alma...
Espera. Y no te precipites
A beber con ellos.

 
Espérame y volveré,
A pesar de todas las muertes,
El que no me esperaba
Que diga: Tuvo suerte.
Aquiellos que no supierin esperar, no podrán
                                                           Comprender

 
Que en medio del fuego
Tú fuíste quien me salvó
Esperándome.
Cómo salí con vida
Sólo tú y yo lo sabremos,
Simplemente porque tú supiste esperar
Como nadie en el mundo.

 
1941

 
“¿Recuerdas, Aliosha?... Smolensk, lejanías.
De lluvia furiosa, el cielo deshecho;
cansadas mujeres leche nos traían
en cantaros que abrazaban cual niños de pecho.

 
Conteniendo su llanto, la lágrima oculta,
al pasar, murmuraban: "Que os salve Dios!"
Y de nuevo a si mismas se llamaron "reclutas":
pues de antaño en Rusia así se estiló.

 
El largo camino, medido con llanto,
se perdía en bajada, brillaba en subida:
aldeas y aldeas con sus camposantos:
en la aldea estaba Rusia reunida.

 
Como si en toda Rusia, tras cada ventana,
con los brazos en cruz, protegiendo a los vivos,
nuestros tatarabuelos juntos rezaran
por sus descedientes que en dios no han creído.

 
Pese a todo creo: la patria que anhelo
no es la ciudad en que he vegetado,
sino este camino que anduvo mi abuelo,
las cruces en las tumbas de mis antepasados.
Yo se que contigo lo mismo ha ocurrido:
fatigado de andar de poblado en poblado,
cantar de mujeres, de viudas plañidos,
la guerra en la senda me ha entonado.

 
“¿Recuerdas, Aliosha? Borisovo. La choza.
Unas niñas gritando a muerto su llanto:
en saco raido, una anciana anosa;
un viejo, cual muerto, vestido de blanco.

 
¡Que decirles, dí, que consuelo dolido!
La anciana adivinó nuestro amargo calvario,
y nos dijo: ¡"No importa, por ahora, ídos!
¡Os esperaremos, si así es necesario!"

 
"¡ 0s esperaremos!", dijeron los campos.
"¡0s esperaremos!", repitió la espesura.
¿Sabes, Aliosha? En la noche oigo llantos,
cual si nos siguiera su voz, su amargura.

 
Por costumbre rusa, solo cenizas
en nuestro suelo fue la retirada;
nuestros compañeros cual rusos morían:
a pecho descubierto, la camisa rasgada.

 
Pero a ambos las balas nos han respetado,
más de cara a la muerte tres veces me ví,
y me sentí orgulloso por la que más he amado:
por esa tierra rusa, donde yo nací.

 
Porque en ella he de morir algun día,
porque rusa fue la que el ser me ofrendó,
porque al irme al combate, una rusa querida,
a lo ruso, tres veces me abrazó y me besó.

 
1941

 
MIJAIL SVETLOV

  
(1903-1964) nació en el Sur de Rusia, en el seno de una pobre familia judía. Se trasladó muy joven a Moscu  y empezó a publicarse con el grupo de los llamados "poetas komsomoles". Se distingue Svetlov por su sentido del humor, finura y bondad. Esos mismos rasgos son inherentes a su obra poética. Es un narrador de cuentos inclinado a ver en una aureola romántica todo lo que le rodea. Su extraordinaria bondad con los demás y, a veces, su sentimentalismo comunican a la lírica de Svetlov tonos cálidos. Su lenguaje es siempre una plática en la que se entremezclan la cordialidad y un fino humor. 

 
El italiano
Una cruz negra sobre el pecho del italiano 
Sin adornos, sin brillo, sin nada. 
Una cruz de una familia modesta 
Llevada por el hijo único...

 
Joven hijo de Napoles, 
¿Que perdiste en los campos de Rusia? 
¿Porque no eras feliz 
Junto a tu famoso golfo natal?

 
Yo que te maté cerca de Mozdok, 
Cuánto no soñé con tu lejano volcán! 
En las orillas del Volga, cuántas veces no soñe 
Con pasear una vez en gondola por tu Venecia.

 
Pero yo no fuí, pístola en mano, 
A robarte el sol italiano, 
Y mis balas nunca silbaron 
En la tierra sagrada de Rafael

 
Aquí fue donde disparé. Aquí, donde nací, 
Aquí donde me enorgullecía de mí mismo y de mis
                                                                      amigos, 

 
Aquí donde nuestras canciones de gesta 
No suenan jamas a traducidas.

 
¿Acaso el meandro del Don 
Ha sido estudiado por sabios extranjeros? 
¿Acaso tu sembraste y araste 
La tierra de nuestra Rusia?

 
¡Claro que no! Te trajeron en su convoy
A conquistar lejanas colonías,
A que la cruz del cofre de familia
Se transformase en una cruz funeraria...

 
No permitiré que se lleven mi patria
A tierras y mares extraños.
¡Disparo y no hay justicia
Más justa que mí bala!

 
Tu no eras de aquí, tu nunca viviste aquí,
Pero en los campos nevados quedó
El italiano cielo azul
En el cristal de tus ojos muertos...

 
1943

 
MIJAIL ISAKOVSKI

  
(n. 1900-1973), autor de canciones muy populares, nació en ana familia campesina de la region de Smolensk, boscosa tierra rusa en la que crece el lino, con sus ftores azules, y fluyen ríos lentos y transparentes. El primer tomo de poesías de Isakovski, titulado Cables en la paja, apareció en 1927 y fue encomiado por Maximo Gorki. Lo que da su fuerza a la poesía de Isakovski es la sincera y adusta sencillez de la forma, unida a un profundo lirismo y a una musi-calidad sorprendente. En una de sus mejores poesías, Los enemigos incendiaron su casa, el poeta relata con dolor la historia típica de un soldado ruso al que la guerra dejó sin hogar y sin familia. Esta cancion, muy popular, la estiman muchos de autor anonimo. Por cierto, no es este el único caso en que las poesías de Isakovski viven como folklore. El poeta ha sido galardonado dos veces con el Prernio Nacional.

 
Los enemigos incendiaron su casa…

 
Los enemigos incendiaron su casa, 
Mataron a toda su familia. 
¿Adonde puede ir ahora el soldado? 
¿A quien podrá contar sus penas?

 
Ebrío de dolor, el soldado llega 
A una encrucijada del camino 
Y en el campo vasto, encuentra 
una tumba cubierta de hierba.

 
El soldado se detiene, cree 
Tener terrones en la garganta. 
Dice el soldado: "Recibe, Praskovia, 
Al heroe, a tu marido.

 
Prepara para él una buena fiesta, 
Pon en la isba la mesa grande: 
He venido a celebrar contigo 
Mí día, la fiesta del regreso".

 
Pero nadie contesta al soldado, 
Nadie lo recibe
El cálido viento del verano 
Mece la hierba de la tumba.

 
El soldado suspira, se ajusta el cinturon, 
Abre su mochila
Y deposita una botella de aguardiente 
Sobre la hierba gris de la tumba.

 
“No me censures, Praskovia,
Por haber venido como vengo.
Sentí deseos de beber a tu salud
Y voy a beber a la salud de tu alma.

 
Se reunirán los amigos, las amigas,
Pero tú y yo jamás...”
Y en su jarro de metal, el soldado bebió
Dolor mezclado  con aguardiente.

 
Sí, el defensor del pueblo
Bebió y dijo con el corazon adolorido:
“Cuatro años camine hacía tí
Y levé la victoria a tres países...”

 
El soldado se embriag? y derramo una lágrima,
Una lágrima de esperanzas frustradas,
Mientras relucía en su pecho
La medalla por la liberación de Budapest

 
1945
 
ALEXEI SURKOV

  
(n. 1899-1983) Hijo de campesinos pobres, participante en la guerra civil. La lírica de Alexei Surkov responde a los sentimientos de millones de seres. Son sobre todo famosos sus versos del período de la Guerra Patria. Ha sido laureado con el Premio Nacional.

 
A Sofia Krevs

 
Arde el fuego en la pequeña estufa, 
Sobre la leña la resina derrama lágrimas, 
Y el acordeon, en el refugio subterraneo, 
Canta la cancion de tus labios y de tus ojos.

 
De tí me hablan en voz baja los arbustos 
De los campos nevados proximos a Moscu. 
¿Oyes, amada, 
La tristeza de mi voz ardiente?

 
Oh, que lejos estas, 
Entre nosotros hay nieves y nieves, 
Llegar a tí no es fácil, 
Pero de la muerte me separa un sólo paso.

 
Canta acordeon, a despecho de la nieve, 
Llama a la felicidad que perdió su camino. 
En el frío refugio me dan vida 
Los rayos de mi amor insaciable.

 
1941

 
YAROSLAV SMELIAKOV

  
(n. 1912-1972), su lenguaje es brusco y cariñoso a la vez. El poeta fue portero, fogonero, periodista, impresor, minero, etc. Smeliakov cree en los hechos, y no en las palabras. Al mismo tiempo, es un romántico. Distingue también a Smeliakov otro rasgo: su amor a la balada, género de argumento dense y fuerte. Pero siempre, tanto en sus composiciones líricas como en lo épico, Smeliakov es an escritor parco en palabras. Su principal peculiaridad es la virtud de elegir epítetos inesperados, pero may precisos, que expresan la propia esencia de los fenómenos.

 
Dulces beldades de Rusia

 
En una tempestad de luz eléctrica 
muere la joven Julieta.

 
La voz de Ofelia conmueve 
las engalanadas plateas y palcos.

 
Despidiendo chispas de oro y azul 
la Cenicienta baila en el escenario.

 
Hermanas que estais en la sala semioscura 
todavía no hemos cantado vuestras hazañas.

 
No en los cuentos de hadas, sino en las trincheras 
nuestras mujeres se probaron los cascos.

 
No en los jardines de Perrault, sino en los Urales, 
abonaron la tierra con cenizas.

 
Las princesas rusas morían 
en las largas camillas, bajo el cobertizo.

 
Cerca de ellas, sumergidos en el dolor nacional 
se erguían en silencio los soldados.

 
Nuestras beldades se quitaron las guerreras
                                               y  los capotes 
y se pusieron sus zapatos viejos.

 
Ya las vestiremos de seda,
ya les calentaremos los hombros con pieles de marta 
                                                                      cebellina.

 
0s construiremos grandes palacios, 
dulces beldades de Rusia.

 
0s dedicaremos libros y libros, 
llenos de amor y admiracion.

 
1945

 
SEMION GUDZENKO

 
(1922-1953)  escribió:   "No moriremos de viejos; moriremos de las viejas heridas". Estas palabras agoreras del poeta se cumplieron. Murió muy joven, a los ocho años del Día de la Victoria, de una vieja herida sufrida en el combate. Gudzenko era un poeta que prometía mucho. Antes de la guerra estudiaba en el Instituto de Historia, Filosofia y Literatura. Comenzó a escribir en las trincheras, donde vió la guerra, cruel y difícil, de modo nuevo, muy propio. Sus poesías Mí generacion, Antes del ataque y Balada de la amistad evidenciaron que Gudzenko era un poeta de trazo muy original. La muerte le interrumpió a mitad de palabra...
 
Yo fuí de infantería en campo abierto, 
en el barro de las trincheras y en medio del fuego 
Aunque en el último año de la guerra 
Pasé a ser periodista militar.
 
Pero si hay que combatir de nuevo... 
Mi voluntad es esta: 
que me enrolen otra vez 
en un batallon de tiradores.
 
Quiero ser soldado raso de nuevo 
por lo menos un tercío del camino; 
desde esas cumbres, 
después podré bajar a la poesía.
 
1946
 
En el club de la guarnición de Transcarpatia 
leía un poema sobre la retirada, y decía 
que no es el angel de la muerte 
quien llora los cuerpos de los soldados caídos, sino 
                                       el comandante del batallon.
 
Me escuchaban
como sólo se escuchan entre sí 
los hombres de una misma sección. 
Y sentí que en los espiritus 
fulguraba la chispa de mi palabra.
 
Cada poeta tiene su provincia 
que le perdona los pecados, 
todas las pequeñas ofensas y culpas 
a cambio de sus versos veraces.
 
Y yo también tengo la mía, 
pero que no figura en el mapa. 
Mi provincia sincera y adusta 
es la provincia de la guerra...
 
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