FABRICA DE TRACTORES STALINGRADO EN COMBATE
De las Memorias del general Vasili Chuikov, uno de los héroes de la batalla de Stalingrado.  Lo que vi en la calle, sobre todo en la dirección de la fábrica de Tractores de Stalingrado es difícil describir con la pluma. Por sobre la cabeza rugían los motores de los bombarderos que se lanzaban en picada, caían las bombas, estallaban los proyectiles antiaéreos en el aire y sus trayectorias trazantes se  dibujaban en el cielo con un punteado. Todo alrededor era un ruido infernal de pitados, estallidos y explosiones.  A lo lejos  se desplomaban los muros de los edificios y ardían  los talleres de la fábrica de tractores.
La infantería y los tanques de enemigo atacaron a las 8 de la mañana nuestras posiciones.  El primer ataque fue repelido, y en la avanzada ardían diez tanques.  Era imposible contar a los muertos y heridos.  Hora y media mas tarde el enemigo volvió al ataque con muchas mas fuerzas. Su fuego nuestros puntos era de tal intensidad que nos ahogaba literalmente e impedía que levantáramos siquiera la cabeza en nuestras posiciones.
Las unidades del 6º  ejército de Paulus empeñaban todos sus esfuerzos para ampliar la plaza de armas capturada por los tanques con el objeto de hacerse de toda la ribera del Volga en la región de Stalingrado.  Ello significaba que tendrían que ocupar la franja de la ribera inclinada hasta el río mismo.  Mientras que a los defensores les bastaba ocupar una franja estrecha en la ribera de una profundidad de 100 metros para esconder de las tropas atacantes los pasos del transbordador y de los botes a través del Volga.   Aquel paso podía ser controlado solo por aquel que se hiciera de aquella ribera escarpada, porque incluso los últimos metros contiguos al río tenían relevancia decisiva.
Ahora bien, el camino hasta esa franja pasaba a través de los distritos de la ciudad, de las empresas industriales  e infraestructuras ferroviarias que era indispensable ocupar. La capacidad defensiva y las cualidades combativas del contingente no fueron tomadas en cuenta de inmediato por el mando  alemán, las que se  revelaron cabalmente tan solo durante los combates.
De las Memorias del Mariscal Alexander Vasilievski.  Escuchemos un fragmento de una grabación de la fonoteca de nuestra emisora.
“En aquellos días horribles para la ciudad tuve que visitar varias veces la fábrica de tractores. He aquí el cuadro inolvidable que pude observar allí: el enemigo se encontraba a un kilómetro y medio de la fábrica, la que atacaba tenazmente con fuego de artillería y de morteros. Y sin en embargo, en esas condiciones, la fábrica continuaba produciendo nuevos tanques y reparando los que tenían arreglo.  Muchos obreros de la fábrica que armaban los tanques en ellos mismos partían hasta el lugar de los combates para engrosar las filas de nuestros defensores que combatían  heroicamente por la ciudad.
En la defensa de la Fábrica de tractores de Stalingrado combatieron con las tropas regulares los destacamentos de obreros.  En la segunda mitad del día del 14 de octubre de 1942, los destacamentos defensores entraron en combate con las unidades enemigas de avanzada.  Nuestros hombres eliminaron al enemigo en la plaza ubicada frente a la fábrica y en las calles adyacentes.  Miles de cadáveres de fascistas cubrían la plaza y las arteras, junto con  varias decenas de tanques que ardían destruidos y que bloqueaban los pasos.  Empero, algunas unidades  enemigas lograron alcanzar la ribera del Volga, sobre todo entre las fábricas.  Pero no había forma de que se hicieran fuertes allí, puesto que el fuego de la artillería del otro lado del río y los ataques coordinados de nuestras tropas en los flancos obligaban a los fascistas a replegarse sufriendo con ello bajas de consideración”.
La guerra impuesta por las tropas rusas en las calles, en los edificios y entre las ruinas fue para los alemanes toda una sorpresa.  Sus pérdidas en hombres y en armamentos eran inconmensurables con los éxitos que sumaban los metros cuadrados de la superficie que lograban ocupar.
Por cada  casa, taller, torre de agua, terraplén de  ferrocarriles, muro, sótano, y por último, por cada montón de escombros se libraba una lucha a muerte.  La distancia entre los adversarios en esa batalla era mísera, y no obstante los ataques masivos de la aviación y de la artillería, los alemanes no lograban imponer su táctica y debían aceptar el combate a corta distancia.  En esas condiciones, los soldados soviéticos superaban considerablemente a los fascistas en cuanto  al aprovechamiento del lugar que conocían como la palma de su mano, al camuflaje, y tenían mas experiencia en la lucha de barricadas. Además que habían logrado crear una defensa sólida.
Empero, no obstante las bajas colosales, Paulus seguía poseído por la idea de hacerse de la ciudad.  Habían llegado nuevas unidades de infantería y tanques las que, sin mediar las bajas pugnaban por alcanzar el Volga.  Daba la impresión que Hitler estaba dispuesto a acabar con Alemania con tal de hacerse de esa ciudad.
Pero los hitlerianos ya no eran los mismos.  Incluso las unidades frescas  sabían lo que significaba un combate en la ribera del Volga.  He aquí la nota dejada en su libreta de apuntes por Iosef Shafstein, oficial del regimiento 226 de la división de infantería 79.
“Este pueblucho no lejos de Stalingrado es un verdadero infierno.  Hoy vi por vez primera el Volga.  Nuestros ataques fueron estériles, la ofensiva comenzó bien, pero luego debimos retroceder… Por la noche un bombardeo intenso que nos hizo pensar en la hora final… Al día siguiente la ofensiva volvió a ser estéril; un combate enconado en que el enemigo dispara desde todos los lados y orificios… Por la noche no nos san tranquilidad la aviación, la artillería y las “katiushas” rusas.  Las bajas son considerables”, escribe con desaliento el oficial alemán.
En los combates por esa ciudad del Volga se manifestó la fuerza  enorme del pueblo soviético y de su soldado, apuntaba en sus memorias el Mariscal Vasilievski.   Mientras mas se enfurecía el enemigo, con mas tenacidad y coraje luchaban nuestros soldados.  El combatiente ileso se empeñaba en protegerse y defender su tramo del frente, el se vengaba por los compañeros caídos.  Hubo muchos casos en que el soldado herido levemente sentía verguenza no solo de ser evacuado al otro lado del Volga, sino que incluso de  acudir al puesto médico.
Como resultado de las operaciones ofensivas lanzadas por los alemanes en octubre y en los primeros días de noviembre de 1942, de los 35 kilómetros de la ribera  de la región de Stalingrado, una franja de 15 kilómetros pasó en realidad a sus manos.  Pero su tramo mas importante, el amarradero del transbordador que funcionaba entre la ribera oriental y la ciudad  se mantuvo bajo el control de las unidades del Ejército Rojo.
El 14 de noviembre, el mando alemán acomete el último intento de ocupar la ciudad.  Unidades del 6º ejército de Paulus lograron hacerse de la parte meridional del distrito fabril  de Stalingrado y por una franja estrecha llegar hasta el Volga.  Pero, ese sería el último éxito de Paulus…

 
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